Compartimos un maravilloso artículo de Rafael Torres publicado en "El digital de Cuenca"sobre dos personas que seguramente conoceréis bien, Eduvigis y Braulio.
A finales de los años 50, lo que hoy conocemos como el vibrante barrio de "Las Cañadillas" en Cuenca no era más que un paraje aislado. No había luz, no había agua corriente, ni calles, ni puentes que facilitaran el acceso. Sin embargo, allí fue donde Eduvigis Navarro García y su esposo Braulio decidieron plantar su semilla, construir una casa y comenzar una vida desde cero.
Hoy queremos compartir el emotivo homenaje que el barrio les ha brindado recientemente, reconociendo a la generación que levantó sus primeros cimientos.
Del corazón de la Serranía a un paraje por construir
Eduvigis y Braulio llegaron desde Campillos Sierra siendo muy jóvenes. Se casaron en 1958 (ella con 22 años y él con 25) y, con mucha valentía y el apoyo de su familia, construyeron una vivienda de dos plantas. En aquella época, llegar hasta allí requería rodear San Antón o cruzar el antiguo puente de hierro del tren, ya que el actual puente de Recoletas ni siquiera existía.
🚜 Una vida ligada a la tierra y al esfuerzo
La historia de esta familia es el reflejo de una época de esfuerzo, constancia y subsistencia:
Evolución del campo:
Empezaron cultivando la vid y pisando la uva para consumo propio. Con los años, pasaron al cultivo de cereal y vivieron la modernización del campo, cambiando el trabajo con animales por el primer tractor.
El huerto y los animales:
Criaban gallinas, cerdos y conejos, y cultivaban un huerto que alimentaba a la familia y a los vecinos más cercanos.
La matanza, el centro de la familia:
Cada diciembre, los hermanos de Eduvigis viajaban desde el pueblo para la matanza del cerdo. Días de trabajo compartido que Eduvigis recuerda con una frase nostálgica:
"El olor a humo aún permanece en mis recuerdos."
👏 Un aplauso colectivo a los primeros vecinos
Con el paso de las décadas, Las Cañadillas creció, llegaron más familias, se abrieron calles y el paraje se integró en la ciudad. Braulio nos dejó en 2021, pero su huella, junto a la de Eduvigis, sigue viva.
El reciente homenaje del barrio no ha sido solo un acto personal, sino un agradecimiento colectivo a toda una generación de pioneros que demostró que el futuro se construye con voluntad y perseverancia. Porque la historia de un barrio no la forman sus edificios, sino las personas que se atrevieron a soñarlo cuando no había nada.
*Crónica original de Rafael Torres para El Digital de Cuenca.*

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